lunes, 2 de noviembre de 2015

UN DÍA DE MUERTOS EN EL CORAZÓN DE LA CHINANTLA

En la mañana del 2 de noviembre del 2015, con el sol a penas asomando sus primeros rayos de luz, salgo de mi casa para dirigirme al municipio de San José Chiltepec, Oaxaca.

Desde Tuxtepec, Oaxaca, que es donde me encuentro, hasta Chiltepec, son aproximadamente 30 minutos en carro particular. El municipio se encuentra a sólo 19 kilómetros de la ciudad; la carretera por lo regular se encuentra desolada, sólo algunos carros y autobuses puedes encontrar a lo largo de la trayectoria, por lo que el silencio es una constante compañía.

Después de que han pasado 20 minutos, comienzo a vislumbrar algunas casas a orillas de la carretera, las fachadas están pintadas de forma pintoresca y adornadas con flores de distintos tamaños y colores; algunas personas ya se encuentran a fuera de las casas, dispuestas a comenzar las festividades de muertos, por lo que el silencio que me había acompañado hasta el momento comienza a desvanecerse.

Son pasadas las 7 de la mañana y llego a mi destino, las personas van caminando por las calles con coronas de flores, racimos de "cempasúchil" y "moco de pavo"; algunos otros llevan cestas con mandarinas y caña de azúcar. La mayoría se dirige al panteón o a dar los últimos retoques a sus altares.

En San José Chiltepec, todos los años se realizan concursos de altares, comida típica, entre otras actividades; las festividades de muertos son de suma importancia para las personas del lugar.


Algunos aseguran que la preparación para las fiestas comienza desde julio, que es el mes en el que se realiza la siembra de las flores típicas, el "cempasúchil y el moco de pavo", otros afirman que es con todo un año de anticipación, con la cría de animales de corral como guajolotes y gallinas. 

Flor de cempasúchil y moco de pavo
Una vez que estoy en el centro de la ciudad, me dirijo a la casa de doña Lupita, la señora es conocida en el lugar, por poner uno de los altares más grandes cada año. Las tradiciones marcan que todas las personas, son bien recibidas en las casas de los habitantes del municipio. Nadie podría asegurar que visito Chiltepec sin recibir todas las atenciones; desde ofrecer tamales, chocolate caliente o popo, que es una bebida parecida al chocolate que se toma fría; para ellos las tradiciones de muertos son la ocasión perfecta para la convivencia y el fortalecimiento de los lazos de amistad y familiares.

Desde la calle puedo vislumbrar el altar de la casa de la señora, éste está colocado en un punto estratégico para que pueda ser apreciado por todos los habitantes. La estructura del altar es la típica que utilizan en este municipio para honrar a sus difuntos.

La estructura de madera es un marco en forma de cuadro y arco al frente, dicho arco se hace con "junco" y sobre él se colocan las plantas de "chicalito" y "tepejilote", que son típicas de la región. Luego se colocan los mazos de flores de cempasúchil y moco de pavo, estás van enredadas en la estructura de madera y las plantas, para dar una mayor resistencia al altar.

Además está compuesto por 7 niveles o escalones en forma de pirámide, que representa las etapas que el alma de los muertos deben pasar para poder descansar.
En el primer nivel y en el fondo del mismo, se coloca un respaldo de petate y sobre él, se encuentran colocadas diversas imágenes de santos, que se sostienen con espinas de naranjo.

En los niveles restantes se coloca un mantel blanco, sobre el que se pone el típico pan de muerto, mole de guajolote, caldo de patas de pollo, tamales de yuca y "siete cueros", tripas fritas de pollo, carne de monte como el armadillo, jabalí y tepezcuintle; además hierba mora, huele de noche y totopos. Toda la comida está acompañada de utensilios que utilizaban los muertos en vida, como pipas, puros, entre otras cosas; mientras que  a los infantes se les colocan juguetes.

En el marco del altar se cuelgan frutas como son, mandarinas, naranjas, pomelos, plátanos, caña de azúcar, cocos, limones, piñas, entre muchas más.

Cuando se finaliza de colocar todo, se encienden las velas y veladoras hechas de cera. Enfrente del altar se pone finalmente un trozo de tallo de plátano y encima de él un cirio pascual.

Por último, el altar lleva una vasija con brazas encendidas sobre las que se echa el copal, para aromatizarlo. 

Todo esto nos cuenta doña Lupita sobre la preparación de los altares, mientras se prepara para la misa de los difuntos adultos que se celebra a las 12 en el panteón municipal.

- Las celebraciones aquí comienzan desde el 23 de octubre, con la novena religiosa, y el día de ayer se celebro la misa de los infantes difuntos, y se realizó el encendido de las velas que colocamos desde la entrada y alrededor de la casa para iluminar el camino de nuestros difuntos. 

Altar de la familia Ramírez 
Después de conversar con la señora, me ofrece una taza de chocolate caliente y pan de muerto; me siento en una esquina y observo a la gente pasar por la calle y conversar en la lengua chinanteca, que es la tradicional de la región.

De repente escucho el repiqueteo de campañas a lo lejos, y observo detenidamente al rededor para descubrir de donde proviene el sonido.

- Hoy es costumbre que los niños repiquen las campanas durante todo el día - me comenta la señora al percatarse de mi intriga - después se les tiene que ofrecer comida por el servicio que realizan.

Para la población, las festividades se dan por terminadas el día 9 de noviembre, cuando se desarman los altares, se recogen las flores y se ponen a secar para guardar las semillas para la siembra del próximo año.

- Lo que se acostumbra hacer con la comida, es que el 3 de noviembre, se recoge y se obsequia a las demás familias y a los visitantes.

Las horas siguen pasando, y veo entrar y salir a mucha gente proveniente de varias partes del estado y de igual manera habitantes del municipio, que continúan honrando sus tradiciones, año con año.

Por lo que el ruido y la algarabía continua por mucho tiempo, demostrando con ello que las festividades de muertos, están totalmente "vivas" en el corazón de la chinantla y en el palpito latiente de todos los mexicanos; que se sienten orgullosos de las costumbres que representan la cultura y diversidad de nuestro país.



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