jueves, 15 de octubre de 2015

Crónica.- Actividad



Mañana del miércoles 14 de octubre a las 7:00 hrs. Camino dentro de Ciudad Universitaria (CU), el ambiente está lleno de tranquilidad y calma, son pocas las personas caminando por los pasillos, por lo que el silencio es envolvente.

Rodeo los edificios de las facultades de derecho, administración y biología; lo que me encuentro no es un escenario familiar donde los estudiantes caminan con mochilas al hombro y libros en la mano, con los grupos de amigos recostados sobre el pasto descansando después de las jornadas escolares; sino más bien en ese preciso momento de la mañana son contadas las personas que observas a los alrededores.

Pero dicha calma y silencio es solo la portada del libro que puedes vislumbrar, si recorres con calma sus páginas te encuentras un mundo nuevo y diferente, que no esperabas hallar. Puesto que conforme mis pasos avanzaban, me tope con un escenario diferente al que mis ojos habían visto hasta el momento, alrededor del circuito interno de CU, las actividades son totalmente diferentes.

Las personas se encuentran preparadas para comenzar la mañana respirando aire fresco y ejercitando sus cuerpos. Con los audífonos puestos, tenis y ropa deportiva, recorren el camino de la DAE hasta Ingeniería en repetidas ocasiones; cada uno marcando un propio ritmo en sus pasos, en el sonido de sus respiraciones y en el sudor que corre por sus frentes y espalda.


Algunos recorren el camino en compañía de alguien, hombro a hombro, compartiendo ese momento de tranquilidad; otros lo hacen en solitario con los rayos del sol como compañía, ya que estos iluminan cada zancada de sus pies. Al igual que los árboles parecidos a soldados resguardando una fortaleza, se alzan en toda su magnificencia, quienes son testigos del pasar de las personas en sus recorridos diarios.

Pasados los minutos, sigo fijamente la trayectoria de una mujer de aproximadamente 20 años; sus mejillas están sonrojadas, su frente, espalda y pecho sudorosos; pero a pesar de las señales de esfuerzo físico, no se puede vislumbrar cansancio en su rostro o mirada.

Continua cada paso con determinación, y conforme avanza en su recorrido la velocidad de sus zancadas se incrementa y disminuye, ya que se puede notar en el movimiento de su cabello sujetado fuertemente en una cola de caballo.

Pero la mujer de 20 años no es la única interesante en la manera en que recorre su trayectoria; más a lo lejos, con un paso más lento y que podría casi pasar desapercibo, se encuentra un señor de la tercera edad.

Su cabello y bigote completamente blanco por el paso del tiempo, su gorra y chamarra del cruz azul y un sonido de música de los ochentas proveniente de un celular, complementan el atuendo del señor, que lo caracteriza de manera particular.

El tiempo que él se toma en recorrer una vuelta del circuito es muy diferente al de la mujer de 20 años, pero aun así no es menos importante, pues su constancia superaba a muchas otras personas más jóvenes que realizaban la misma actividad que él.

Pasadas las 9 de la mañana, la gente seguía yendo y viniendo a través del circuito, pero la actividad ya no sólo era exclusiva de los corredores, sino también de los alrededores; más gente pasaba por los pasillos, algunos andaban en lobo bicis, con sus mochilas en la canasta; por lo que comenzaba a verse más como el escenario habitual que esperas encontrar dentro de CU.

Aunque el misticismo de la universidad dentro de las primeras horas de la mañana es algo que cualquier persona debería ver; es poco conocido por muchos que Ciudad Universitaria no sólo tiene una faceta, sino que si se recorre con cuidado, puedes encontrar muchas más cosas interesantes que acontecen dentro de sus muros. Tal como los corredores del circuito, que se encuentran ahí todos los días sin falta alguna.



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